Hacia un nuevo acuerdo social

Hacia un nuevo acuerdo social

Por *Santiago Cafiero y **Nahuel Sosa

El acuerdo social, uno de los ejes de la campaña del Frente de Todos, no implica llegar a una posiciĂłn Ășnica ni intentar sĂ­ntesis imposibles, sino contemplar las heterogeneidades y los nuevos emergentes: transformar las minorĂ­as dispersas en una mayorĂ­a diversa.
 
*PolitĂłlogo (UBA), integrantes del Grupo Callao y Agenda Argentina

**SociĂłlogo (UBA), director del Centro de Pensamiento GĂ©nera e integrante de Agenda Argentina



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Este artĂ­culo anticipa algunas ideas incluidas en un artĂ­culo del libro Hablemos de ideas. Una nueva generaciĂłn piensa cĂłmo gobernar una Argentina que cambiĂł, compilado por los autores junto a Cecilia GĂłmez Miranda, que serĂĄ publicado en breve por Siglo XXI Editores.

Hablar de acuerdo social implica, inevitablemente, asumir una posiciĂłn polĂ­tica situada y un compromiso hacia el futuro. En un acuerdo, todas las partes ceden algo y cada quien lo hace con el convencimiento de que asĂ­ se potenciarĂĄ un resultado, un proyecto que solo es posible en comuniĂłn. En cierto sentido, consiste en aceptar retroceder un paso para luego avanzar dos. Se cede para aportar al interĂ©s comĂșn de las partes, a un interĂ©s colectivo. Se trata de un acto simultĂĄneo que enlaza a las partes como eslabones de una cadena.

Su verdadera potencia radica en la prĂĄctica concreta, en la esfera de la realizaciĂłn material. Pacta sunt servanda, decĂ­an los romanos: lo pactado obliga. Si un acuerdo no se cumple, pierde su esencia. Si aquello que le dio origen no se realiza, su razĂłn de ser desaparece. Ese incumplimiento se puede producir por razones de fuerza extrema, por hechos fortuitos o por decisiĂłn de una de las partes. Pero si sucede esto Ășltimo de manera sistemĂĄtica, y sobre todo si la parte involucrada es aquella que tiene una responsabilidad mayor, ya no podemos hablar de un simple incumplimiento o de la ruptura circunstancial de un acuerdo: empezamos a hablar de estafa.

¿Qué sucede cuando un presidente rompe cotidiana y deliberadamente todo lo que se había comprometido a hacer durante su mandato? Esto es lo que pasó en la Argentina entre 2015 y 2019 con el gobierno de Cambiemos y el presidente Mauricio Macri. El gobierno rompió el acuerdo que tenía con todos los argentinos y las argentinas y defraudó al conjunto de una sociedad que, habiéndolo votado o no, esperaba un cambio que nunca llegó.

Si en 2015 el contrato electoral permitiĂł que un partido distrital ascendiera meteĂłricamente, triunfara a nivel nacional y se transformara en una de las fuerzas polĂ­ticas mĂĄs importantes desde el regreso de la democracia, en los siguientes años ese contrato se hizo añicos. Ninguna sociedad puede vivir –ni sobrevivir– sin acuerdos mĂ­nimos. Por eso, ante un incumplimiento de semejante magnitud, la Ășnica soluciĂłn viable en un sistema democrĂĄtico es la construcciĂłn de nuevos acuerdos. Para salir de la crisis actual es imprescindible constituir un nuevo acuerdo social que transforme la frustraciĂłn en esperanza. Y para eso hay que saber en quĂ© radican los desacuerdos, que son siempre su contracara. Es aquĂ­ donde necesitamos poner atenciĂłn.

No es posible un acuerdo en la Argentina de hoy que no contemple y contenga a los nuevos emergentes sociales, un acuerdo protagonizado por quienes sufrieron la insensibilidad de la elite depredadora que desplegĂł sus polĂ­ticas desde diciembre de 2015 en adelante. Para dotar de contenido este desafĂ­o, hay que discutir sentidos, establecer prioridades, conocer a las partes. Pero, ademĂĄs, comprender el tiempo histĂłrico y repensar paradigmas de anĂĄlisis que ya no sirven para entender nuestro tiempo.

De las minorĂ­as dispersas a las mayorĂ­as diversas

“El hombre ha nacido libre, y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas. El mismo que se considera amo no deja por eso de ser menos esclavo que los demĂĄs”, sentenciaba Jean-Jacques Rousseau desde las entrañas de la RevoluciĂłn Francesa, en una de las obras polĂ­ticas mĂĄs importantes de nuestro tiempo: El contrato social.

MĂĄs de dos siglos despuĂ©s, la idea de contrato social sobrevuela los debates polĂ­ticos. Y no es en absoluto ajena al contexto local: en la presentaciĂłn de su libro Sinceramente, Cristina FernĂĄndez de Kirchner insistiĂł con la propuesta de “construir un nuevo contrato social de ciudadanĂ­a responsable”. Algo ya habĂ­a anticipado durante su presentaciĂłn en el Primer Foro Mundial del Pensamiento CrĂ­tico del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), cuando llamĂł a armar un gran frente civil y patriĂłtico con todos los sectores agredidos por las polĂ­ticas econĂłmicas de Cambiemos y a disputar la nociĂłn de orden al gobierno de Mauricio Macri.

En esta lĂ­nea, una de las principales razones por las que se conformĂł el binomio opositor FernĂĄndez-FernĂĄndez fue la necesidad de construir unidad no solo para ganar, sino sobre todo para gobernar. Y en ese sentido es que se impone la tarea de elaborar un nuevo acuerdo social que pueda garantizar ambos objetivos.

Alberto FernĂĄndez expresa la necesidad histĂłrica de mĂșltiples sectores de la sociedad argentina de articular una respuesta al proceso polĂ­tico iniciado con la asunciĂłn de Mauricio Macri. Este colectivo contiene a una amplia pluralidad de identidades polĂ­ticas, siendo la diversidad lo que marca su pulso. La candidatura misma de Alberto FernĂĄndez abre la posibilidad de ampliar los consensos y de generar renovadas narrativas de futuro.
Como todo proceso político, se inscribe en un contexto determinado. En este caso, caracterizado por la heterogeneidad. Esto significa que no existe una mayoría social uniforme y constante, configurada con base en procesos sociales estables, sino una serie de sectores a convocar; por eso, esta vez no se trata de construir una mayoría popular homogénea, sino de transformar minorías dispersas en nuevas mayorías.

Atravesamos una Ă©poca de desapego a las tradiciones, en la que los individuos ya no se guĂ­an por las estructuras organizativas clĂĄsicas, sino que se mueven como sujetos flexibles, desterritorializados y en trĂĄnsito entre la virtualidad y la realidad. En las sociedades tradicionales, el pensamiento mĂĄgico y la religiĂłn brindaban ciertas seguridades frente a los riesgos. En las sociedades modernas, esa funciĂłn la ejercĂ­a la ciencia. En cambio, en las sociedades posindustriales, ni el Estado ni la religiĂłn ni la ciencia son garantĂ­as de estabilidad. La globalizaciĂłn supuso ademĂĄs un fuerte proceso de individualizaciĂłn, un debilitamiento de los lazos colectivos y la erosiĂłn de estructuras primarias como la familia.

Zygmunt Bauman habla de la “modernidad lĂ­quida” para dar cuenta de este momento de la historia en el que realidades sĂłlidas que antes podĂ­an proveer estabilidad, como el trabajo o el matrimonio, se desvanecen: el vĂ©rtigo, la ansiedad, los compromisos pasajeros, la flexibilidad, la fluidez y la desenfrenada bĂșsqueda de la satisfacciĂłn mĂĄs inmediata son algunas de las caracterĂ­sticas de esta etapa.

Las transformaciones en el funcionamiento del capitalismo son la base de estas nuevas subjetividades forjadas en la precariedad y la inseguridad. En ese sentido, es posible hablar de hipermodernidad: una aceleraciĂłn de los tiempos, con individuos que portan demandas hiperfragmentadas, que se apilan en centros urbanos y que conviven cada vez mĂĄs prĂłximos aunque, paradĂłjicamente, las distancias sociales se profundicen cada vez mĂĄs, en una suerte de soledad en masa.

Estas transformaciones también implicaron una resignificación de la subjetividad, los deseos y las formas de concebir el mundo de los sujetos sociales. Las revoluciones en el campo de la tecnología y la informåtica, los desplazamientos en los modos de acumulación del capital y la globalización en tanto metarrelato de horizonte político e ideológico son algunas de las claves que explican los cambios en la forma de percibir y autopercibirse.

Si vivimos en una sociedad de riesgo, con personas que luchan día a día contra esa incertidumbre estructural, entonces uno de los principales objetivos del acuerdo social serå recuperar esa seguridad perdida a partir de la confianza, el cuidado y la predictibilidad. ¿Pero qué significa un acuerdo responsable, situado en este aquí y ahora? ¿Se limita acaso a restituir el orden vulnerado por una ceocracia que desestabilizó la vida de los argentinos y argentinas y solo nos trajo incertidumbre y vértigo? ¿O, por el contrario, remite a un orden constituyente capaz de dar vuelta la pågina de esta noche neoliberal, con una perspectiva renovada y transgresora? ¿Cómo tendrå en cuenta este acuerdo social a los nuevos emergentes, a los sujetos sociales que confrontan con las formas de desposesión actuales y resisten la precarización estructural de la vida?

PodrĂ­amos seguir enumerando preguntas y, posiblemente, las conclusiones a las que arribemos sean frĂĄgiles e inconsistentes. BĂĄsicamente porque es un concepto en disputa, cuyo resultado dependerĂĄ de la correlaciĂłn de fuerzas dentro del bloque histĂłrico popular y de cĂłmo se desarrollen sus tensiones creativas.

TambiĂ©n podrĂ­amos dejar de pensar en el acuerdo y concebir mĂșltiples acuerdos, segĂșn una nociĂłn de pluralidad y multiplicidad distinta. En este caso, habrĂ­a acuerdos que disputarĂ­an entre sĂ­ para ocupar la posiciĂłn de el acuerdo. En el abanico de opciones de acuerdo, las alternativas serĂ­an muy diversas: conservadoras, reformistas, instituyentes, instituidas, feministas, patriarcales, transformadoras, tradicionales, incluyentes o excluyentes.

En este punto, se podría pensar en dos dimensiones: un acuerdo para ganar y uno para gobernar. Si asistimos a una época en la que las demandas de la sociedad civil estån hiperfragmentadas, entonces lo mejor sería que un proyecto popular pueda dar vía libre a lo que cada quien asuma como su propio acuerdo. De esta suma de acuerdos parciales debe formarse el acuerdo, pero no como un todo que sintetiza a las partes; no como una mayoría homogénea que sustituye lo específico. Se tratarå, mås bien, de demandas que deberån encontrar sus equivalentes en una alternativa plebeya que haga de la heterogeneidad su razón de ser.

La propuesta consiste en alcanzar un acuerdo social que contemple las subjetividades contemporĂĄneas, que ponga a la individualidad en el centro de la escena para combatir al individualismo, que logre que el deseo y las formas de identificar el progreso individual no sean tabĂșes en un proyecto popular.

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Voces en el Fénix NÂș 79
HACIA UN NUEVO ACUERDO SOCIAL

PACTO SOCIAL

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Santiago Cafiero y Nahuel Sosa
Hacia un nuevo acuerdo social
Arsenio Chaparro Zalazar y Guillermo J. Burckwardt
Los ciudadanos en camino del deseo hacia un Acuerdo Social
Ramón Prades y Fabiån Lavallén Ranea
Hacia un nuevo pacto social: la revalorizaciĂłn de la polĂ­tica y el cuidado de la casa comĂșn, como resguardo ante la crisis
Julio CĂ©sar Neffa
Pacto Social, Acuerdo Social, DiĂĄlogo Social: la experiencia europea
NicolĂĄs Tereschuk
Organismos de planificaciĂłn y Estado desarrollista en la Argentina (1943-1975)
MarĂ­a Emilia Reiszer
Las perspectivas para el futuro de la regiĂłn: consolidaciĂłn de las democracias para un acuerdo social sostenible
Jazmín Castaño
Hacia la construcciĂłn de consensos para un modelo de desarrollo productivo con justicia social
Roberto Arias
El acuerdo social y la estabilidad macroeconĂłmica
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Gobernar la desigualdad: los pactos sociales como herramienta de estabilizaciĂłn
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Un acuerdo social que nos devuelva la dignidad
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Del contrato social al pacto socioambiental: la cuestiĂłn ecolĂłgica en la Argentina (y el mundo) que se viene
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Hacia un acuerdo social educativo: reflexiones en torno a la construcciĂłn de una nueva Argentina federal y democrĂĄtica
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La TelevisiĂłn PĂșblica Argentina en la encrucijada
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Un acuerdo social que incluya a mujeres, lesbianas, travestis y trans

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