Democracia y movimiento sindical 1983-2013

Democracia y movimiento sindical 1983-2013

Por Nicolás Iñigo Carrera

La confrontaci├│n social es el elemento motor de la sociedad. Hist├│ricamente, los sindicatos han tenido la capacidad de articular en la acci├│n los intereses de las distintas fracciones populares, manteniendo hasta nuestros d├şas una importante capacidad de convocatoria. A continuaci├│n, un repaso por los momentos de alza y de baja de la movilizaci├│n social en los ├║ltimos 30 a├▒os.
 
CONICET / Instituto Ravignani / PIMSA


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El movimiento sindical es la parte del movimiento obrero inserta en el sistema institucional pol├ştico, por lo que habitualmente se reduce su historia a la de las organizaciones, sus relaciones con los gobiernos de turno y a la legislaci├│n laboral. Esto significa reducir el movimiento org├ínico de la sociedad a sus manifestaciones pol├şticas coyunturales y dejar de lado el elemento motor de la sociedad: la confrontaci├│n social.

Este art├şculo est├í planteado en una perspectiva que, sin olvidar el aspecto institucional, y teniendo en cuenta las condiciones generales establecidas por movimientos de larga duraci├│n en la estructura econ├│mica de la sociedad, se centra en las luchas y protestas de los trabajadores, de las que las instituciones son resultado. Privilegia la observaci├│n de las dimensiones ÔÇťunidad/fracturaÔÇŁ y ÔÇťalianza/aislamientoÔÇŁ en las huelgas generales. Esta aproximaci├│n permite mostrar hechos que suelen permanecer encubiertos. Por ejemplo, permite mostrar que enfatizar la realizaci├│n de huelgas generales durante las administraciones radicales y negar o minimizar su existencia durante los gobiernos justicialistas constituye una deformaci├│n de la memoria: las 13 huelgas generales convocadas durante el gobierno del Dr. Alfons├şn, 9 durante el gobierno del Dr. Menem, 8 durante el gobierno del Dr. De la R├║a y 3 durante el gobierno del Dr. Duhalde, tuvieron demandas similares (aumentos de salarios, contra el pago de la deuda externa y las pol├şticas econ├│micas y sociales) y casi ninguna tuvo una adhesi├│n inferior al 50 por ciento.

La Argentina es uno de los pa├şses con alto nivel de sindicalizaci├│n: en los ÔÇÖ90, a pesar de la persecuci├│n sufrida durante el gobierno militar y del estancamiento econ├│mico y crisis, estaban sindicalizados el 36% de los asalariados en blanco del sector privado y el 67% incluyendo a los estatales. El movimiento sindical mantiene una importante capacidad de convocatoria: las organizaciones sindicales fueron por lejos el principal convocante a las acciones de protesta en el ciclo 1993-2001 (35,9% frente a 7,3% de las organizaciones de desocupados y 7,2% de las de peque├▒os empresarios), y siguen ocupando el primer lugar. Por eso han tenido la capacidad de articular en la acci├│n a las distintas fracciones populares: casi todas las huelgas generales recibieron una adhesi├│n efectiva de los trabajadores de m├ís del 50% y varias de m├ís del 75%, y cuando fueron convocadas ÔÇťcon movilizaci├│nÔÇŁ, articularon en un solo momento y en todo el pa├şs protestas y luchas de distintas fracciones y capas trabajadoras y de otras clases y grupos sociales. Esta fuerza explica por qu├ę todos los gobiernos desde 1983, excepto el del Dr. De la R├║a, tuvieron en su gabinete ministros provenientes de la CGT.

Las condiciones generales

La descripci├│n y el an├ílisis de la trayectoria del movimiento sindical en estos 30 a├▒os requiere tener presentes dos determinaciones generales que hacen al movimiento org├ínico de la sociedad argentina, m├ís all├í de las coyunturas del ciclo econ├│mico y los paliativos aplicados por las pol├şticas de gobierno: 1) la actual fase del capitalismo argentino, cuyos primeros atisbos aparecieron a mediados de la d├ęcada de 1950, en que el desarrollo en profundidad predomina sobre el desarrollo en extensi├│n, con la consiguiente generaci├│n de una creciente superpoblaci├│n relativa (poblaci├│n sobrante para el capital), a veces evidente, a veces encubierta. 2) El per├şodo contrarrevolucionario iniciado a mediados de los a├▒os ÔÇÖ70.

Las condiciones impuestas a la clase trabajadora entre 1976 y 2003 pueden sintetizarse en m├íxima jornada de trabajo con m├şnimo salario, despojo de condiciones laborales conquistadas hist├│ricamente, m├ís de la mitad de los trabajadores en condiciones de ÔÇťtrabajo no registradoÔÇŁ y crecimiento evidente de la masa de poblaci├│n sobrante para el capital. En 1986 la desocupaci├│n y subocupaci├│n sumadas superaron la barrera nunca antes alcanzada del 12% de la poblaci├│n econ├│micamente activa y su incremento fue mucho mayor a partir de 1991. Fue justamente la presi├│n de esa masa lo que permiti├│ mantener las condiciones impuestas a los trabajadores por la fuerza de las armas antes de 1983: la jornada laboral de los que ten├şan empleo se extendi├│, las condiciones laborales empeoraron, creci├│ el trabajo ÔÇťen negroÔÇŁ y los salarios disminuyeron, mientras la productividad del trabajo crec├şa. A partir de 2003 la nueva alianza social en el gobierno aplic├│ pol├şticas dirigidas a morigerar los efectos de la repulsi├│n de poblaci├│n de los espacios que ocupaba: la desocupaci├│n y la subocupaci├│n disminuyeron, lo mismo que el trabajo no registrado. Sin embargo el piso de la desocupaci├│n abierta (algo m├ís del 7% de la PEA) hoy se encuentra por encima del m├íximo hist├│rico anterior al fin de la d├ęcada de 1980 (alrededor del 6%) y buena parte de la superpoblaci├│n relativa est├í oculta en la poblaci├│n subsidiada y en una parte del empleo estatal.

Las condiciones pol├şticas

Los gobiernos instaurados por las armas a partir de 1976 aplicaron sobre los trabajadores una coacci├│n extraecon├│mica abierta (leyes 21.261 y 21.400): prohibieron las acciones ÔÇťque de cualquier manera puedan afectar la producci├│nÔÇŁ y castigaron la huelga con hasta 10 a├▒os de prisi├│n, con presencia de tropas en las f├íbricas; fue disuelta la CGT, intervenidos los sindicatos, apresados los dirigentes sindicales peronistas m├ís poderosos, secuestrados y asesinados militantes de izquierda y peronistas revolucionarios o combativos. Sin embargo, desde 1976 hubo acciones de resistencia, huelgas y sabotajes duramente atacados, de lo que dan cuenta la mayor├şa de los desaparecidos, tanto trabajadores de f├íbricas y talleres (34,7%) como empleados y t├ęcnicos (32%). En el apogeo del gobierno militar (27/4/79 y 22/7/81) hubo dos huelgas generales, y otras tres durante la retirada de ese gobierno (22/9/82; 6/12/82 y 28/3/83), la ├║ltima con m├ís de 90% de adhesi├│n. Las demandas de estas huelgas generales iban m├ís all├í de la protesta contra la pol├ştica econ├│mica del gobierno para incluir tambi├ęn reclamos pol├şticos, por la libertad de los presos y desaparecidos.

Durante su retirada el gobierno militar devolvi├│ algunos sindicatos a sus anteriores dirigentes y otros fueron normalizados en 1984 en elecciones en las que triunfaron conducciones ligadas tanto al peronismo ortodoxo como al peronismo renovador. Pero el retorno al sistema electoral requiri├│ la vuelta a mecanismos legislativos que retacearan poder a los sindicatos, para mantener las condiciones en que se desarrollaban la producci├│n y apropiaci├│n. A la vez, como las dirigencias sindicales ocuparon un lugar preponderante en la direcci├│n del justicialismo y en sus listas de candidatos, la derrota electoral de 1983 contribuy├│ a debilitar su peso pol├ştico.

El enfrentamiento con el gobierno presidido por el Dr. Alfons├şn comenz├│ ya en la campa├▒a electoral y continu├│ con un proyecto de ley (ÔÇťMucciÔÇŁ), rechazado por la mayor├şa de las direcciones sindicales y finalmente derrotado en el Parlamento, que modificaba sustancialmente la organizaci├│n interna de los sindicatos, dando lugar a las minor├şas en las comisiones directivas. El proyecto apur├│ la unificaci├│n de la reinstalada CGT, hasta entonces dividida. Al mismo tiempo la declaraci├│n de la ÔÇťeconom├şa de guerraÔÇŁ en 1985 y la disminuci├│n de los salarios reales, acompa├▒ada por suspensiones y despidos implementados por algunas empresas, dio el marco para la confrontaci├│n, m├ís o menos abierta seg├║n los momentos.

La protesta sindical

La movilizaci├│n popular del fin de la dictadura enmarc├│ un momento ascendente de la lucha de los trabajadores organizados sindicalmente hasta 1986 (huelgas generales del 3/9/84, 23/5/85, 29/8/85 y 21/1/86). El a├▒o en que la desocupaci├│n y subocupaci├│n rompieron su techo hist├│rico, 1986, constituy├│ un punto de inflexi├│n (huelgas generales de 25/3/86, 12/6/86 y 9/10/86): algunas fracciones sociales se pronunciaron en contra de la lucha de los trabajadores y en la ├║ltima huelga hubo una fractura en los cuadros sindicales, que se expres├│ tambi├ęn en una ca├şda en el acatamiento a la medida y en el n├║mero de movilizados. Estos rasgos se acentuaron, con pocas excepciones, en los dos a├▒os siguientes (huelgas generales de 26/1/87, 4/11/87, 8-9/12/87, 14/4/88, 9/9/88 y 12/9/88), sobre todo durante el fugaz paso por el gobierno radical del dirigente sindical peronista Carlos Alderete (1987) y durante las campa├▒as electorales de 1988 y 1989 en que los dirigentes que apoyaban la candidatura del Dr. Menem fueron reticentes a participar en las huelgas; de reunir entre 120 mil y 150 mil manifestantes en el momento ascendente, pasaron a reunir entre 15 mil y 20 mil en 1988.

El comienzo de 1989 encontr├│ a los trabajadores en el momento de menor unidad de sus cuadros sindicales y de mayor aislamiento respecto de otras fracciones sociales. Entre septiembre de 1988 y noviembre de 1992 no hubo huelgas generales, aunque s├ş numerosas huelgas por rama, contra despidos y privatizaciones. Durante la debacle del Plan Primavera (1989), la hiperinflaci├│n y la revuelta (los llamados ÔÇťsaqueosÔÇŁ) la CGT no declar├│ ninguna huelga general, para ÔÇťno contribuir al estallido socialÔÇŁ, y la asunci├│n del nuevo gobierno contribuy├│ a inhibir las huelgas generales: la mayor├şa del movimiento obrero organizado revistaba en esa alianza social. Pero esa ausencia se asent├│ tambi├ęn en la desarticulaci├│n de relaciones sociales que produjeron las hiperinflaciones de 1989 y 1990, que crearon las condiciones para la aplicaci├│n con toda contundencia del programa de la oligarqu├şa financiera adelantado en 1976, incluyendo la privatizaci├│n de empresas estatales, con ÔÇťretiros voluntariosÔÇŁ y despidos. El incremento de la desocupaci├│n, la disminuci├│n de los salarios y el empeoramiento de las condiciones de trabajo no fueron evidentes en un primer momento: ese programa cont├│ con el consenso de buena parte de la sociedad, incluyendo a muchos de los trabajadores, y los intentos de resistencia (huelgas de trabajadores ferroviarios y telef├│nicos, corte de ruta en Sierra Grande, por ejemplo) sufrieron el aislamiento social.

Ese consenso tuvo uno de sus pilares en buena parte de la c├║pula del movimiento sindical, resultante de un proceso iniciado en los a├▒os ÔÇÖ30, cuando surgi├│ un funcionariado que comenz├│ a constituirse como grupo profesional; una capa que reproduce su vida de una manera diferente a la de sus representados, con intereses propios, sin que esto signifique que han perdido su cualidad de dirigentes: dif├şcilmente podr├şan mantenerse en sus cargos si no existiera relaci├│n con el grado de conciencia de sus bases, como lo muestran su capacidad de convocatoria y los casos en que los trabajadores los han desplazado de esa direcci├│n. En los a├▒os ÔÇÖ90 se potenci├│ el ÔÇťsindicalismo empresarioÔÇŁ: sindicatos que pasaron a participar de la propiedad de empresas donde se explota a otros trabajadores. Apoyando y apoy├índose en la pol├ştica de privatizaci├│n de empresas estatales, sindicatos agrupados en la CGT intervinieron en los llamados ÔÇťprogramas de propiedad participadaÔÇŁ y recibieron acciones de empresas, incluyendo fondos de jubilaciones y seguros contra accidentes de trabajo.

Otro hecho fue el surgimiento del Congreso de Trabajadores Argentinos. En sus m├ís de 130 a├▒os, fueron relativamente muy pocos los a├▒os en que el movimiento sindical estuvo organizado en una sola central. Sin embargo, a partir de los a├▒os ÔÇÖ40, aunque existieran diferentes corrientes y divisiones e incluso simult├íneamente varias CGT contrapuestas, la existencia de m├ís de una central era considerada como un hecho coyuntural. En 1991 comenz├│ el proceso de formaci├│n del CTA que en 1996 asumi├│ el nombre de Central de los Trabajadores Argentinos y m├ís tarde Central de los Trabajadores de la Argentina. Entre las innovaciones que surgen con su aparici├│n est├í la posibilidad de que, adem├ís de los sindicatos, los trabajadores se afilien directamente a la central sindical, a lo que sum├│ la organizaci├│n de trabajadores desocupados. Sin embargo, la innovaci├│n m├ís importante la constituye la ruptura del modelo de central ├║nica, es decir, termina con la unidad institucional del movimiento sindical.

El momento descendente, que incluy├│ la huelga general del 9/11/92, se prolong├│ hasta el mot├şn de diciembre de 1993 (el llamado ÔÇťSantiagazoÔÇŁ). En el ciclo de rebeli├│n 1993-2002 se realizaron 21 huelgas generales (incluyendo la de 1992): 10 tuvieron una adhesi├│n de los trabajadores superior al 50% (2/8/94, 21/4/95, 6/9/95, 8/8/96, 26/12/96, 5/5/2000, 8/6/01, 19/7/01, 20/12/01 y 27/6/02), 6 tuvieron una adhesi├│n superior al 75% (9/11/92, 26-27/9/96, 9/6/00, 23-24/11/00, 21/3/01, 13/12/01), y s├│lo en cinco (14/8/97, 6/7/99, 8/8/01, 22/5/02; 29/5/02) la adhesi├│n fue inferior a 50 por ciento.

En los comienzos del nuevo momento ascendente se inscriben la Marcha Federal (7/94) y dos huelgas generales (2/8/94; 21/4/95) convocadas por la CTA, el Movimiento de Trabajadores Argentinos y la Corriente Clasista y Combativa, con apoyo de organizaciones de peque├▒os y medianos empresarios y partidos de la oposici├│n oficial y de izquierda; se sum├│ como convocante la CGT en las huelgas de 6/9/95, 8/8/96 y 26-27/9/96. Esta ├║ltima fue masiva, moviliz├│ m├ís de 70.000 personas en la Plaza de Mayo constituy├ęndose en el segundo mayor acto de protesta contra el gobierno del Dr. Menem. Este fue el momento de mayor unidad en la acci├│n y menor aislamiento del movimiento obrero en la d├ęcada, y la amenaza de la CGT de declarar una huelga general por tiempo indeterminado oblig├│ al gobierno a detener los cambios en la legislaci├│n laboral y negociar con una parte de los dirigentes, por lo que las siguientes huelgas (26/12/96, 14/8/97 y 6/7/99) tuvieron menos repercusi├│n. Pero en diciembre de 1999 se retom├│ el momento ascendente: las huelgas generales en 2000 y 2001, en el gobierno del Dr. De la R├║a, fueron continuidad de las realizadas durante la administraci├│n anterior, as├ş como la pol├ştica socioecon├│mica del nuevo gobierno fue continuidad de la anterior. Pero, adem├ís, el gobierno intent├│ aprovechar la legitimidad de su reciente elecci├│n para avanzar en la flexibilizaci├│n laboral exigida por el poder econ├│mico y detenida desde 1996 por la resistencia de los trabajadores; su p├şrrica victoria, con la aprobaci├│n de la ley en medio de acusaciones de sobornos, constituy├│ uno de los primeros signos de su p├ęrdida de legitimidad. Ese fue el contexto espec├şfico de las huelgas generales del nuevo siglo (5/5/00; 9/6/00; 23-24/11/00) con un mayor grado de unidad ÔÇôaunque con diferentes modalidades: sin movilizaci├│n la CGT-Daer, con movilizaci├│n y choques callejeros la CGT-Moyano, la CTA y la CCCÔÇô, un menor aislamiento y con un creciente grado de adhesi├│n de los trabajadores. En 2001 culmin├│ el ciclo ascendente de la rebeli├│n iniciado en 1993 y hubo seis huelgas generales ÔÇôtres de ellas (19/7, 13/12 y 20/12) declaradas por las tres centrales existentes (CGT-Daer, CGT-Moyano y CTA) y dos (21/3; 8/6) por la CGT-Moyano y la CTA, con adhesi├│n de algunas regionales de la CGT-DaerÔÇô. Estas ├║ltimas tuvieron importante adhesi├│n y alto grado de acompa├▒amiento por parte de otras fracciones sociales y organizaciones sociales y pol├şticas, en particular de trabajadores desocupados. Aunque hubo una huelga general de escasa repercusi├│n (8/8) convocada en soledad por la CTA, el momento ascendente continu├│ y las tres centrales convocaron a la huelga general del 13/12/01, que dio comienzo a las movilizaciones callejeras y saqueos que culminaron el 20 de diciembre. Ese d├şa la huelga general ÔÇôdeclarada por la CTA y las dos CGTÔÇô pas├│ desapercibida y qued├│ subordinada al hecho insurreccional que culmin├│ con el enfrentamiento en Plaza de Mayo y la renuncia del gobierno.

Entre 2002 y 2013 fueron convocadas 14 huelgas generales. En el final del ciclo iniciado en 1993 las huelgas generales (22/5/02, 29/5/02 y 27/6/02) mostraron mayor fractura y aislamiento del movimiento obrero organizado sindicalmente que en 2000 y 2001 y menor adhesi├│n al paro. Entre el anuncio de elecciones (2002) y abril de 2009 hubo un largo momento de alta unidad de los cuadros sindicales, parad├│jicamente expresado en la ausencia de huelgas generales contra el gobierno nacional; el movimiento social que se manifestaba por fuera o en contra del sistema institucional perdi├│ visibilidad y la acci├│n sindical se canaliz├│ dentro del sistema, formando mayoritariamente parte de una alianza social y pol├ştica en cuya conducci├│n no tuvo un lugar relevante; las ├║nicas dos huelgas generales de esos a├▒os, dirigida una contra la visita del presidente de Estados Unidos (4/11/2005) y la otra contra el gobierno provincial de Neuqu├ęn (9/4/2007), tuvieron la simpat├şa del gobierno nacional.

La huelga general volvi├│ a ser un claro indicador de un momento descendente a partir de 2009, con la creciente fractura entre los cuadros sindicales que culmin├│ en la existencia de tres CGT y dos CTA. No hubo mayor aislamiento respecto de otras fracciones sociales pero s├ş menor adhesi├│n al paro: aunque convocadas como huelgas generales (22/4/09; 27/5/09; 21/10/10; 8/6/11; 8/6/12; 27/6/12; 10/10/12 y 20/11/12), fue la movilizaci├│n callejera la que alcanz├│ mayor repercusi├│n d├índoles las caracter├şsticas de ÔÇťjornadas de luchaÔÇŁ m├ís que de huelgas generales. Un rasgo novedoso de este momento es la constituci├│n de listas de izquierda con capacidad de ganar la conducci├│n de organizaciones sindicales de base en varios sindicatos importantes.

En s├şntesis, aun en condiciones objetivas desfavorables, el movimiento sindical ha logrado mantenerse como un protagonista central de estos treinta a├▒os.

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30 a├▒os de democracia

Art├şculos de este n├║mero

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1983-2013. La democracia, espacio de disputa entre el viejo orden y los nuevos tiempos
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